Embajada de la República Argentina en Canadá

 

Relaciones Bilaterales S. XX

Principales momentos en las relaciones bilaterales
entre Argentina y Canadá

Las relaciones entre Argentina y Canadá se remontan al año 1867, cuando el gobierno canadiense realizó la primera misión comercial a Argentina, Uruguay, Brasil, Cuba, Trinidad y Tobago y Bermuda.
En el año del 1936, Saúl Aguilar fue nombrado Cónsul General de la República Argentina en Montreal.
Recién en 1928 Canadá abrió sus  primeras embajadas en las ciudades de Washington, Paris, y Tokio y en 1931, con la aprobación del Estatuto de Westminster, Ottawa logra tener el control  de su Política Exterior, ya que hasta entonces, por ser miembro del Imperio Británico, era Londres quien manejaba sus relaciones exteriores.
Es a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, que Canadá comenzó a mirar con mayor interés a la región, fundamentalmente como receptora de sus exportaciones.
Los primeros países considerados para iniciar relaciones diplomáticas fueron Brasil y Argentina por su importancia económica y política. Más adelante también México, Chile, Cuba y Perú mostraron interés en intercambiar Embajadores con Canadá.
En abril de 1940, el Gobierno argentino inició negociaciones en Londres para el establecimiento de relaciones diplomáticas con el Dominio de Canadá, mediante la apertura de Legaciones en Ottawa y Buenos Aires.
A finales de ese año, Buenos Aires designó al Ministro Plenipotenciario Pablo Santos Muñoz como su Embajador ante el Gobierno de Canadá, quien presentó sus Cartas Credenciales al Gobernador General,  el Conde Athlone, el 3 de junio de 1940.
En este  acontecimiento le acompañaron el Cónsul General, Sr. Saúl Aguilar, el Agregado Comercial, Dr, Héctor Scarpellini y el  Agente Administrativo Sr. Guillermo Eduardo Leguizamón.
Durante ese mismo año, el 13 de noviembre, el Vicepresidente argentino a cargo del Poder Ejecutivo. Dr. Ramón Castillo, recibió las Cartas Credenciales del primer Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Canadá, Sr. William Ferdinando Alphonse Turgeon.
En esa oportunidad, el diplomático canadiense hizo entrega de  un mensaje del Primer Ministro y Secretario de Estado de Canadá, W.L. MacKenzie King al Canciller argentino, Ernesto Ruiz Guiñazú, en el que señalaba que “el comienzo de las tareas de la Legación de Canadá en la Argentina y la iniciación de las funciones del Honorable W.F.A. Turgeon -nuestro primer Ministro Plenipotenciario en Buenos Aires- producen en mí y en mis colegas de gobierno viva satisfacción. Completando así la representación diplomática directa entre nuestros dos países, esperamos estrechar aún más las cordiales relaciones y los lazos de amistad que nos unen”.
Por su parte, el Dr. Ruiz Guiñazú, respondió: “Tengo el honor de acusar recibo del cordial mensaje de V.E. El Sr. Vicepresidente, a quien he transmitido las gratas manifestaciones de V.E., formula también todos sus votos por las relaciones siempre amistosas entre nuestros dos países y por el feliz porvenir que auguran desde hoy la gestión de nuestros dos Ministros en Buenos Aries y Ottawa”. 
El Sr W.F.A Turgeon, Embajador en Bs As  fue designado en pocos meses después también concurrente en Chile.
En 1941 Canadá envió una delegación comercial a Argentina, Chile. Ecuador, Perú, Brasil y  Uruguay, encabezada por su Secretario de Comercio, James Mckinnon. El resultado de este viaje fue discutido en el Parlamento canadiense. En ese entonces el MP Paul Martin (padre) enfatizó la importancia de que Canadá fortaleciera sus relaciones con la región, no solo comercial sino como una forma de frenar la eventual influencia nazi en la región.
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En 1941, Argentina ya contaba con Cónsules en Montreal, Quebec, St John, Vancouver y Toronto.
En 1945 la Legación fue elevada al rango de Embajada. El primer Embajador argentino ante Ottawa fue Honorio Leguizamón Pondal.     
Durante años, si bien las relaciones bilaterales fueron buenas, tuvieron escasa profundidad (bajo intercambio comercial, poca interacción política, limitadas inversiones, escasas visitas de alto nivel, etc). En parte, esta situación se debía al hecho que Canadá había concentrado tradicionalmente su política exterior en Estados Unidos y Europa (sobre todo Francia y el Reino Unido), mientras la Argentina lo había hecho con Europa, Estados Unidos y América Latina. 
En noviembre de 1961  Arturo Frondizi visitó Canadá, respondiendo a una invitación del Gobierno, en lo que se constituyó en la primera visita de un presidente argentino.
Frondizi fue recibido en el aeropuerto por el Gobernador General George Vanier, el Primer Ministro John Diefenbaker,  el Canciller Howard Green y el Embajador argentino Angel Peluffo.
A su arribo, el Presidente argentino señaló que “son múltiples los problemas comunes que tenemos respecto de otras áreas geográficas económicas. Para los países de América Latina, la vinculación más estrecha con esta realidad americana, es el pueblo canadiense, lo que redundará en provecho recíproco y beneficiará en gran medida la causa de la libertad y el progreso que es inherente, desde sus orígenes, al ideario y el modo de ser de las naciones de nuestro continente”.
Durante su discurso de aceptación del título de Dr. Honoris Causa que le otorgó  la Universidad de Ottawa, Frondizi.subrayó el progreso logrado por Canadá desde los años ´30, gracias a una política de desarrollo (retroalimentada por la capacidad tecnológica de su población) que le permitió emerger como uno de los países más destacados del hemisferio. Mencionó además las similitudes de ambas naciones en cuanto a territorio y población.
El presidente argentino también visitó Montreal, donde señaló que su visita no era únicamente por razones protocolares y afirmó que: “aspiro a que mi visita constituya una contribución eficaz a la solidaridad continental, creo que en esa tarea es mucho lo que pueden  hacer Canadá y  Argentina obrando de común acuerdo, y es muy decisiva la función que corresponde a la amistad argentino-canadiense”
En el año de 1968, el canciller canadiense Michael Sharp visitó varios países de la región, entre ellos el nuestro. Luego de su periplo, recomendó al Parlamento iniciar una política de apertura hacia América Latina, señaló que Canadá no gestionaría su ingreso a la OEA pero ampliaría los contactos y las actividades con organismos inter-americanos, procuraría incrementar el intercambio científico y cultural, y participaría en proyectos de desarrolló económico, promoviendo sus intereses en el continente.
Durante la década de los ´70, Canadá ingresó a la OEA como observador permanente y al BID  como miembro pleno. En esta época la relación bilateral tuvo algunos puntos de fricción.
El primero fue el tema de las salvaguardias nucleares. En este caso, la política global en materia nuclear, la explosión atómica en la India en 1974  y la negativa argentina a firmar el TNP constituyeron obstáculos importantes en la relación y en algunos casos se tuvo la sensación de que la posición canadiense iba más allá que la que los propios norteamericanos sostenían en materia de no proliferación. Por ello, el Acuerdo ya firmado para la construcción de la Central Nuclear de Río Tercero en la provincia de Córdoba generó desencuentros para la transferencia de la tecnología requerida, ya que Canadá exigía salvaguardias adicionales para garantizar el uso pacífico del reactor Candu de 600 megavtios y de sus derivados y productos. Cabe señalar que hasta ese momento Argentina era el único país de América Latina que mantenía un programa de cooperación en esta materia con Canadá, que finalmente fue concretado en el acuerdo concluido en 1976. Probablemente ayudó a concretar este emprendimiento la muy importante presencia de Argentina en la Canadian National Exhibition de ese año, en la que la Argentina mostró los logros de su industria y su desarrollo tecnológico. En el año 1977 comenzaron a efectuarse las instalaciones del reactor Candu.
En esta misma década ocurrió en el campo nuclear un hecho muy positivo: en 1971 se firmó un acuerdo entre la CNEA y su par canadiense, a pedido de ésta, por el que la CNEA arrendaba a Canadá 150 toneladas de agua pesada, adquirida para la central de Atucha que en ese momento no eran indispensables para las actividades de la central. Esta operación fue beneficiosa para Argentina porque disminuyó  los costos de mantenimiento del producto y porque Canadá devolvió agua pesada limpia producida por ellos.
El segundo motivo de diferencias durante la década de los ´70 fueron las violaciones de derechos humanos en Argentina. Esta situación causó un gran impacto en la sociedad canadiense y en este marco, diversos grupos denunciaron la situación en Argentina y presionaron para que Ottawa asumiera oficialmente posiciones de crítica y censura.
Durante la breve administración conservadora del Primer Ministro Clark –de junio de 1979 a marzo de 1980– se efectuaron algunas críticas contra Argentina en diversos foros internacionales pero Ottawa no adoptó sanciones concretas en el ámbito bilateral. No obstante, una comisión parlamentaria visitó Argentina en 1978 para interiorizarse en el tema de los derechos humanos.
Las negociaciones nucleares bilaterales también reflejaron la preocupación canadiense en materia de derechos humanos.
El tercer factor de diferencias se manifestó por el conflicto del Atlántico sur. La opinión pública canadiense se solidarizó con Gran Bretaña y a nivel oficial también se criticó la actitud de Argentina. Esto no debe sorprender, teniendo en cuenta los orígenes históricos de Canadá, su pertenencia al Commonwealth y el hecho que la Reina Isabel II es la Jefa de Estado. Sin embargo, el Primer Ministro de la Provincia de Québec, René Lévesque hizo afirmaciones públicas  -muy criticadas en el resto de Canadá– reconociendo  en nombre de su provincia la soberanía de nuestro país sobre las Islas Malvinas. Los dos partidos que en ese entonces constituían la oposición –el conservador y el neodemócrata– solicitaron en diversas oportunidades en el Parlamento la ruptura de relaciones diplomáticas con Argentina y condenaron lo que calificaron como una aventura militar de un gobierno desprestigiado y al borde del colapso interno.
No obstante estas presiones, el Primer Ministro Trudeau no cedió a esas presiones, aunque sí rompió relaciones económicas señalando que si bien Canadá no prejuzgaba sobre los derechos de soberanía de cada una de las partes, condenaba el uso de la fuerza para dirimir disputas territoriales, basándose en los tradicionales principios de la política exterior canadiense.
Sin embargo, y a pesar de estos desencuentros, esta década también origino varios desarrollos positivos en las relaciones bilaterales:
  1. En 1972, por ejemplo, se anunció en Ottawa la creación del Instituto canadiense-argentino para incrementar las relaciones en los campos de la ciencia, la educación y el comercio. 
  2. En 1973, el Ministro canadiense de Energía, Minas y Recursos, Donald Mc Donald,  encabezó la delegación de su país para la ceremonia de transmisión del mando presidencial.
  3. En 1976 tuvo lugar la firma del acuerdo para la construcción de la central nuclear en el Embalse de Río Tercero y la importante presencia argentina en la Canadian International Exhbition, ya mencionadas.
  4. En 1978 se efectuó el primer vuelo de Aerolíneas Argentinas a Montreal, y la visita de una importante delegación de parlamentarios canadienses a Argentina, encabezado por la Presidenta del Senado, Renaude Lapointe. La delegación visitó en esa oportunidad las instalaciones nucleares de Río Tercero.
  5. En 1980, Edward C. Lumley, Ministro de Estado de Comercio Internacional, visitó Argentina para evaluar la posibilidad de incrementar el comercio y la participación canadiense en el proyecto de Yacyretá. En esa oportunidad se firmó entre ambos países el Convenio de Cooperación Económica, Comercial e Industrial.
Luego de la Guerra Fría, Canadá efectuó una profunda revisión de su política exterior: Sus lazos con Europa perdieron algo de su solidez, debido entre otros factores a la menor importancia de los temas de seguridad común y a la concentración del viejo continente en su propio proceso de integración. Además, la inmigración a Canadá, primordialmente europea, comenzó a diversificarse y Ottawa otorgó importancia creciente a la promoción de exportaciones a otras regiones como Asia y América Latina. 
 
Durante las décadas de los años ´80 y ´90, la fuerte desregulación y apertura de las economías de nuestra región, crearon numerosas oportunidades comerciales para las inversiones canadienses. Desde el punto de vista político, el proceso de democratización en América Latina creó un campo propicio para  que Canadá buscara nuevos socios en la región en temas como la promoción de la  democracia y los derechos humanos, el buen gobierno, la no proliferación de las armas de destrucción masiva, la promoción del derecho internacional, etc. 
El proceso por el que atravesaba Canadá en este período se vio acompañado de otro paralelo en Argentina: desde fines de los años ´80, Argentina comenzó a percibir que la relación con Canadá revestía el mayor interés: el paralelismo en el desarrollo de ambos países se había quebrado a mediados de los años ´30, tal vez porque entre muchos otros factores, Canadá decidió diseñar su perfil futuro a través de la reinversión de los beneficios que le producían excelentes condiciones agrícolas en la promoción de la educación y el desarrollo de una tecnología selectiva. Argentina tenía una comprobada facilidad para adaptar esa tecnología y convertirla en un instrumento utilizable que estuviera al alcance de otros países de menor desarrollo relativo. Este marco impulsó la creación de joint ventures para aprovechar las capacidades de ambos países en el campo nuclear, la construcción de motores, la provisión de turbinas y la aplicación de la sofisticada tecnología de comunicaciones canadiense en Argentina. 
En este período, las relaciones bilaterales estuvieron guiadas por la filosofía que Canadá era el menos desarrollado de los países del G-7, mientras que Argentina era uno de los más avanzados en vías de desarrollo. Este marco abrió excelentes posibilidades de diálogo entre ambos países que se encuentran en los extremos del continente americano y que pueden ser eslabones y factores de equilibrio entre el Norte y el Sur.      
 
En los años 90, con el ingreso de Canadá como miembro pleno de la OEA, Argentina y Canadá profundizaron sus coincidencias, especialmente en áreas como derechos humanos, promoción de la democracia, no proliferación de armas de destrucción masiva, y medio ambiente.  Así, hubo varios temas concretos donde se trabajó mancomundamente, como la defensa de la democracia en Perú y Haití (país al que ambos enviaron tropas), la negociación del Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional, la importancia de las Naciones Unidas en la resolución de conflictos internacionales o intraestatales, la Convención de Ottawa sobre minas antipersonales, los Protocolos de Kyoto sobre Cambio Climático y de Montreal sobre la capa de ozono, posiciones similares con respecto al ALCA, votaciones coincidentes en las Naciones Unidas, OEA –donde ambos países mantuvieron posiciones coincidentes para el establecimiento de la Carta Democrática de la organización-, etc.  .   
 
Los cambios institucionales positivos que experimentó Argentina vinieron  acompañados por visitas de alto nivel,  y con ello los lazos bilaterales fueron  reforzados de manera importante.
Una de estas primeras visitas fue la del Canciller Di Tella en noviembre de 1991, seguida de la  Visita de Estado del Presidente Menem en junio 1994 y que fuera conrrespondida por la visita del Primer Ministro Jean Chrétien en enero de 1995.
En enero de 1998 el Primer Ministro retornó a Argentina al frente del “team Canadá”, importante delegación de hombres de negocios y funcionarios, integrada por aproximadamente 600 personas. Durante el primer viaje de  Jean. Chrétien – que significó además la primera visita de un jefe de gobierno de Canadá a Argentina - se firmaron memoránda sobre consultas políticas, minería, medio ambiente, transferencia de tecnología, servicios geológicos y energía atómica.   
A partir de entonces y gradualmente, comenzaron a llegar inversiones canadienses a la Argentina, particularmente en el sector minero (se comenzaron a desarrollar áreas como las de Pascua Lama, Bajo la Lumbrera y Pachón), industria y los servicios.  
Durante este período se abrió el Consulado Argentino en Toronto y, en 1997, la Argentina abrió su Agregaduría de Defensa en Ottawa. Asimismo, se firmaron numerosos instrumentos bilaterales como el Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones en 1991 que permitió el importante crecimiento de las inversiones canadienses en Argentina, llevando a Canadá a ocupar el cuarto lugar entre los países inversores en la actualidad.     
Por otra parte  en noviembre de 2000 la provincia de Neuquén firmó con la provincia de Alberta un “Memorandum de Entendimiento de Cooperación Económica”  con el objeto de fortalecer la cooperación en el área de educación y capacitación laboral.
 
Estado actual de la relación bilateral:
 
La relación entre la Argentinay Canadá se basa en un conjunto de intereses comunes, destacándose entre ellos el compromiso con los Derechos Humanos, el fortalecimiento democrático, la lucha contra el terrorismo, la participación en organismos internacionales multilaterales, la cooperación en el desarrollo pacífico de la energía nuclear y la no proliferación de las armas de destrucción masiva, fomentando asimismo el incremento en el intercambio comercial y la promoción de las inversiones

Argentina y Canadá cuentan con cuatro mecanismos bilaterales  que permiten  realizar consultas periódicas:

- Consultas Políticas de Alto Nivel: establecido en 1996.

- Consultas sobre Temas Nucleares: establecido en el año 2000.

- Consultas sobre Seguridad Internacional  establecido en el año 2000.

-Consultas informales sobre Derechos Humanos: se llevan a cabo desde 2006.

La Argentina comparte con Canadá valores, objetivos y características comunes. En adición a los temas  mencionados, en los últimos tiempos la relación ha ido incorporando cuestiones de destacada importancia como la cooperación científica-tecnológica, las perspectivas y posibilidades de avanzar en cuestiones energéticas, en donde a la tradicional cooperación en temas nucleares, se podrá agregar el intercambio de conocimientos, experiencias y tecnología relacionados con las fuentes de energías no-tradicionales (vg. “shale gas” o similares).

En el caso de la energía nuclear, Canadá construyó la segunda central atómica argentina Embalse.

Como ha sido mencionado, el campo científico tecnológico posee gran potencial para generar una masa crítica de proyectos de investigación conjunta entre universidades y centros de investigación argentinos y canadienses, en calidad de socios,  que puedan ayudar a la producción de bienes y servicios para uso comercial y de esta manera generar empleos de calidad en ambos países. En ese sentido lo realizado en los últimos años con la Universidad de Quebec en Rimouski, en lo relativo a las ciencias del mar es sumamente importante y constructivo. Por otra parte se espera que el Acuerdo celebrado entre la Universidad de Ottawa y el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCYT) tenga un impacto positivo en áreas claves del desarrollo científico tecnológico. Asimismo es también relevante la expedición que el barco Oceanográfico Corolis II realizó en el Mar Argentino en las cercanías de la Provinciade Chubut en enero de 2014. Este proyecto fue realizado conjuntamente por la Universidad de Quebec en Rimouski, el MINCYT, la Provincia de Chubut y el Conicet, con el objetivo de realizar un importante relevamiento científico y mapeo de la zona desde una perspectiva ambiental.

Por otra parte, el rol desplegado por ambos países en organismos internacionales ha sido tradicionalmente cooperativo. En el marco de la OEA ambos países han defendido activamente los Derechos Humanos y la continua búsqueda del fortalecimiento de las instituciones democráticas en el hemisferio. Canadá y la Argentina trabajaron conjuntamente para la adopción de la Carta Democrática de la OEA. Merece destacarse el trabajo conjunto llevado a cabo en Haití con el  Programa “Pro-Huerta” que a través de un mecanismo de cooperación trilateral realizado entre Canadá y la Argentina entre 2008 y septiembre de 2013, que ha otorgado ayuda a miles de familias haitianas.

Por otra parte existen importantes y positivas inversiones canadienses en sectores claves como la  minería e industria, que en el primer caso generan importantes fuentes de trabajo en provincias como Catamarca, San Juan y contribuciones a esas economías regionales.  Canadá  es el 9no inversor en nuestro país con un total de 2908 millones de dólares en el 2011.

Asimismo el comercio bilateral continúa creciendo alcanzando en el 2013 un total de 2127 millones, con una importante balanza comercial favorable para nuestro país.

Por otra parte en los últimos tiempos ha habido una importante corriente de turistas canadienses que han visitado nuestro país, hecho que enriquece la relación entre ambas sociedades.

Cabe agregar que el 8 de abril de 2014 presentó sus cartas credenciales ante el Gobernador General de Canadá la Embajador Norma Nascimbene de Dumont. 

 
 

Fondo argentino de cooperación sur-sur y triangular

 

 

 
 
Palacio San Martin